Capítulo 14: Enfrentamiento decisivo
INT. / CASA UZCÁTEGUI, HABITACIÓN DE ERICK / NOCHE
Es tarde, más de medianoche. Erick aún se encuentra despierto en bata parado al lado de la ventana de su habitación pendiente de Matt, quien aún no llega.
Erick: (estresado) ¿En dónde se habrá metido Matt? ¿Con quién andará? Me trajo a casa después de salimos de Styles y cuando llegamos, salió otra vez sin decirle nada a nadie. ¿Qué tal si está con el esperpento ese de la Margarita Romero?
Erick frunce el ceño de solo pensar en aquella posibilidad, pero en ese momento ve un auto llegar y estacionarse al frente de la casa. De allí se baja Matt notablemente ebrio del asiento de copiloto. El mayordomo era quien venía conduciendo, por lo que lo ayuda a entrar a la casa.
Erick: (sorprendido) Por fin llegó, pero parece que está borracho.
El hombre sale de la habitación con dirección al primer piso. Baja las escaleras y se encuentra con el mayordomo sosteniendo a Matt.
Matt: (al mayordomo) Estoy bien, Ramón. Gracias. Ya hiciste mucho por mí habiendo ido a recogerme al bar.
Mayordomo: ¿Quiere que lo acompañe a su cuarto, joven?
Erick: (interviniendo) Yo me encargo de llevarlo. Tú retírate.
Erick le dice aquello último al mayordomo, quien se retira.
Matt: (extrañado) ¿Qué haces despierto a esta hora, Erick?
Erick: Estaba esperando a que llegaras. Me sentí preocupado por ti y no te llamé a tu celular porque ni siquiera tengo. ¿Dónde estabas y… con quién si puedo saber?
Matt: Iván me invitó a tomar algo y quise ir aprovechando que es viernes. Hacía varias semanas que no me distraía desde que empecé a trabajar y ya era justo, ¿no crees? (Ríe muy simpático producto de la embriaguez)
Erick: Tienes razón. Un trago de vez en cuando no cae mal.
Matt: Bueno, te dejo. Vete a dormir. Es muy tarde.
Erick: (acercándose a él) Por lo menos déjame llevarte a tu cuarto. Estás muy borracho y te puedes caer por las escaleras.
Matt en medio de la embriaguez se deja llevar por su primo lejano. Los dos suben las escaleras juntos y llegan hasta la habitación del primero. Matt se tumba sobre la cama al tiempo que suspira y cierra los ojos.
Matt: Gracias, Erick. Hasta mañana.
Erick: ¿Vas a dormir con la ropa del trabajo puesta?
Matt: Tranquilo, estoy bien así. Vete a dormir (Habla con los ojos aún cerrados).
Erick sonríe con malicia y se inclina para quitarle los zapatos a Matt.
Matt: (abriendo los ojos) ¿Qué haces, hombre? Te dije que…
Erick: Tan solo te estoy ayudando, relájate.
Erick desabotona la camisa de Matt despacio. Él permanece en quietud, aunque no puede evitar sentirse incómodo y extrañado. Erick llega a un punto en que incluso desabrocha el pantalón de Matt, por lo que éste se aleja y se sienta en la cama.
Matt: (incómodo) Erick, ¿qué haces?
Erick: Tú nunca te has dado cuenta, ¿no?
Matt: (extrañado) ¿De qué hablas?
Erick: Matt… (Hace una pausa) Yo estoy enamorado de ti.
Matt se sorprende bastante por aquella confesión y entrecierra los ojos algo aturdido por el licor que bebió en el bar.
Erick: Me fascinas como tienes idea desde hace años. Cuando nos empezamos a conocer por las redes sociales, tú eras lo único que me alegraba los días, leyendo tus mensajes, viendo tus fotos. Me la pasaba tan bien hablando contigo y… simplemente pasó.
Matt se siente confundido sin saber qué decir y niega con la cabeza. Erick se acerca a él y le acaricia el rostro.
Erick: Una de las razones principales por las que vine a este país fuiste tú. Vine por ti, para conquistarte, para que demostrarte que yo te amo y que mi mayor deseo es que seamos felices juntos.
Erick acerca sus labios a los de Matt, pero éste le aparta el rostro sintiendo un cierto desagrado.
Matt: Erick, no...
Erick: Yo puedo hacerte más feliz que cualquier mujer, sólo déjame demostrártelo. Podemos pasar la noche juntos para que lo compruebes.
Erick toma el rostro de su primo lejano entre las manos e intenta besarlo, pero él se lo impide.
Matt: Te dije que no, Erick. Yo… Yo no soy así…
Erick sigue insistiendo al punto de querer forzar a Matt.
Erick: Yo sé que te va a gustar, sólo déjate llevar por mí.
Matt: (molesto) ¡Que no! ¡Basta! ¡Detente!
Los dos empiezan a forcejear. Erick quiere a toda costa besar a Matt, por lo que, en un momento dado, éste último lo empuja bruscamente. Erick cae en el piso. Matt se pone de pie y ambos respirando agitados.
Matt: (furioso) ¿Te volviste loco? ¿Qué te pasa? Yo en ningún momento te he dado a paso a nada de esto y no te permito que me faltes al respeto.
Erick lo mira sollozo a la vez que apenado tirado en el piso.
Erick: Perdóname, yo no quería… Por un momento se me nubló todo al tenerte tan cerquita de mí que no pensé. ¡Perdóname!
Matt: Vete de mi cuarto.
Erick: Perdóname, Matt, por favor.
Matt: Vete Erick. ¡Vete antes de que te saque yo mismo!
Erick: (sollozo) Por favor, no me hagas esto. Entiéndeme. Yo te amo, Matt. ¡Te amo más de lo que cualquier mujerzuela de por ahí te podría amar!
Matt: Ya, no repitas más eso. ¡Vete!
Erick: Te lo suplico, no me humilles así (Rompe a llorar).
Erick se le arrodilla y lo toma de una pierna aferrándose fuerte. Matt no sabe qué hacer.
Erick: Yo sé que no debí forzarte, pero no puedo más (Llorando). Estoy cansado de que me veas como tu primo, como un amigo. ¡Yo te amo, maldita sea!
Matt: Suéltame, no hagas esto. ¡Para ya! (Desesperado)
Erick: ¡Déjame quedarme contigo esta noche! ¡Te lo suplico! Una sola noche para demostrarte que no te estoy mintiendo y que yo puedo ser para ti. ¡Te lo suplico!
Matt: (intentando soltarse) ¡Erick!
Erick: (desesperado) ¡Te lo suplico! ¡No me rechaces!
Erick llora desconsolado sin soltar la pierna de Matt. Éste no ve de otra que liberarse con fuerza y patearlo. Matt pierde el equilibrio y cae justo en la cama. Intenta levantarse, pero se siente tan embriagado que decide quedarse en esa posición y cierra soñoliento los ojos.
Matt: Erick (Hablando entredormido). Vete… Vete…
Erick yace en el piso llorando amargamente y se levanta despacio mirando con dolor a Matt. Este último poco a poco cae en un profundo sueño.
Erick: Puede que me ahora me rechaces, sí (Limpia enojado sus ojos). Pero después, te voy a tener comiendo de la palma de mi mano, “primito”.
Erick observa a Matt durmiendo con una notable amargura. En sus ojos se puede ver cuán encaprichado está.
Erick: Cuando arruine el patrimonio de tu familia y lo tenga todito todo en mis manos, voy a hacer que me complazcas en todo lo que se me antoje y no vas a tener opción, Matt. Te lo juro…
Erick se queda mirando a Matt de forma penetrante y muy serio para luego salir de la habitación.
INT. / HOSPITAL, SALA DE CIRUGÍA / AL DÍA SIGUIENTE
Ha amanecido y es temprano. Puede verse a todo un equipo de profesionales de la salud liderados por un cirujano llevando a cabo la riesgosa operación cardiaca de Lorenza. La mujer permanece ajena a todo lo que sucede a su alrededor debido a la anestesia. El cirujano la opera con suma delicadeza en el corazón usando varios instrumentos especiales, los cuales le entrega una de sus enfermeras. Incluso, otra enfermera limpia con cuidado el sudor de la frente del cirujano.
Entretanto, en la sala de espera, se enfoca a Margarita caminando de un lado a otro muy ansiosa, acompañada por Armenteros y por Agustina. Estos dos últimos están sentados. Agustina sostiene un rosario entre las manos.
Armenteros: Es mejor que te sientes, Margarita. Llevas mucho rato de pie y la operación todavía demora.
Margarita: (preocupada) ¡Ay! ¡Es que no puedo, padre! De solo pensar que a mi mamita la están operando en este preciso instante se me hiela todo y no soy capaz de estar sentada.
Agustina: Doña Lorenza va a salir bien, mija, no se preocupe. Mejor póngase a orar en este momento y piense que con la ayuda de Dios la va a poder ver bien en menos de lo que se imagina.
Margarita: Espero que así sea, doña Agustina. Por ahora tengo que empezar a buscar la manera de pagarles a todas las personas que me prestaron la plata para la operación.
Agustina: Usted sabe que todos los vecinos le cedieron el dinero con muchísimo gusto. Por eso tampoco se preocupe.
Armenteros: Tal como lo oyes y en cuanto a Mariela, no creo que haya problema con que le pagues trabajando algunas horas extras.
Agustina: (extrañada) ¿Mariela?
Margarita: Sí, doña Agustina, así se llama mi jefa allá en Styles. Ella fue la otra persona que muy amablemente me prestó la parte del dinero que me hacía falta, de la que yo le conté.
Agustina: (pensando) Ese es el mismo nombre de la mujer que fue a visitar a Lorenza ese día preguntando por ella, pero debe ser casualidad. No creo que sea la misma.
Margarita: Lo importante ahora es que mi mamita salga bien de esta operación. La deuda la pienso pagar poco a poco en la medida que me sea posible.
Armenteros: Eso está muy bien. Recuerda que siempre cuentas con nosotros para todo lo que necesites.
Margarita: (sonriendo) Claro que sí, padre. Gracias a los dos.
Margarita esboza su sonrisa aún angustiada por la operación de Lorenza y mira hacia arriba de forma suplicante.
EXT. / CASA UZCÁTEGUI, JARDÍN / DÍA
Matt e Iván se dan un paseo en cuatrimoto por el extenso jardín de la casa, el cual se ve desde una panorámica espectacular, puesto que es un campo verde amplio con flores, plantas e incluso árboles. Cabe decir que los dos usan un traje especial y casco.
Matt: (gritando) ¡Eres muy lento, Iván! ¡Te voy a ganar la apuesta!
Matt aumenta la velocidad de su cuatrimoto tomándole ventaja a Iván.
Iván: (gritando) ¡Baboso, espera a que te alcance!
Iván incrementa también la velocidad de su cuatrimoto e intenta igualarse con Matt. Los dos se divierten durante un rato haciendo una especie de carrera por el jardín. Minutos después, ambos entran a la cocina de la casa y se quitan los cascos al tiempo que ríen.
Matt: Estás acabado. De verdad pensé que ibas a ser buena competencia para mí, pero mírate…
Iván: ¿Qué esperabas? Hacía mucho no manejaba una cuatrimoto. Tú por lo menos tienes aquí el espacio para practicar, yo ni eso.
La empleada de servicio abre la nevera y le sirve unos refrescos a cada uno. Ellos responden “gracias” al unísono.
Matt: Pues por un momento pensé que ibas a dar la talla como en los viejos tiempos, pero veo que no y qué lástima.
Matt bebe un sorbo del refresco al mismo tiempo que Iván. La empleada se retira.
Iván: Es cuestión de práctica, ya te dije. Espérate a que le coja el ritmo otra vez y ahí sí no va a haber apuesta que me ganes, men. Vas a ver.
Matt: (riendo) Con tal de que no te hayas oxidado así con las mujeres todo bien (Bebe otro sorbo).
Iván: Imbécil, no cambias. Preséntame unas chicas para que veas lo oxidado que estoy.
Entretanto, en la sala, Erick viene bajando las escaleras y se encuentra de primer plano con la empleada de servicio.
Erick: (prepotente) Oye, tú…
Empleada: Dígame.
Erick: (molesto) “Dígame” no. ¿Qué son esas formas de referirte a mí? ¿O es que se te olvida que tú eres parte de la servidumbre y yo soy como el sobrino político de tu patrona?
Empleada: (apenada) Disculpe usted. Dígame lo que necesita, joven.
Erick: ¿Dónde está Matt? Fui a buscarlo en su habitación, pero no lo encontré.
Empleada: Vino temprano un amigo de él a visitarlo y los dos están juntos en la cocina.
Erick se dirige hacia allí sin ni siquiera darle las gracias a la empleada. Ésta lo mira con recelo por su actitud pesada. Cuando el hombre llega allí, escucha las voces de Matt e Iván platicando, por lo que se queda escuchando escondido tras una pared.
Iván: Yo creo que el que se va a terminar oxidando eres tú pasándotela de lunes a domingo en la oficina.
Matt: Pues ya es hora de que siente cabeza, mi hermano. Todas estas semanas han sido de cambio para mí y ya me di cuenta que no puedo seguir como antes.
Iván: (negando con la cabeza) Te perdimos.
Matt: Es en serio, hombre. Yo no puedo depender de mi madrastra siempre y ya voy para los treinta. Lo ideal es que haga algo bueno con mi vida y que empiece a asumir responsabilidades.
Iván: Bueno, en eso tienes razón, pero no te amargues. Una fiesta de vez en cuando como la de anoche no cae nada mal de vez en cuando.
Matt: (fastidiado) Argh, ni me lo recuerdes. Estaba tan borracho que tuve que llamar al chofer para que me recogiera, con decirte que ni recuerdo cómo llegamos. Hasta tuve un sueño raro, ¿sabes?
Iván: (extrañado) ¿Qué sueño?
Erick escucha con atención sintiendo temor de que Matt recuerde lo ocurrido la noche anterior.
Matt: No sé, no me acuerdo bien y mejor ni te lo cuento para que no te rías porque ya te conozco. Olvídalo (Bebe un sorbo del refresco).
Iván: ¿De pronto soñaste con la secretaria esa que te gusta?
Erick abre los ojos como platos al escuchar aquello dicho por Iván.
Matt: No, no fue con Margarita. Había un hombre en el suelo.
Iván: (riendo) ¿Te diste cuenta? Te pregunté que si soñaste con la que secretaria que te gusta y me dijiste el nombre. Indirectamente, acabaste de confirmar que sí te gusta la tal Margarita.
Matt no puede evitar sonreír un tanto avergonzado.
Matt: ¡Imbécil! No se te escapa ni una (Bebe un sorbo del jugo).
Iván: Ya, no te hagas el idiota. ¿Aceptas de una vez que te gusta o no?
Matt: ¿Qué te puedo decir? Margarita es mi amiga, pero últimamente la he visto diferente. Me llama la atención como mujer, no como amiga y me da dificultad admitirlo, pero… Me atrae, me atrae de verdad.
Erick empalidece aún escuchando con atención la conversación.
Iván: Debe tratarse de una mujer guapísima. No te creo que en serio haya sido tan fea como me la describiste y que de la noche a la mañana se haya puesto bonita.
Matt: Créelo. Margarita ha cambiado mucho, no sólo en su físico, sino también en su actitud. La veo más segura, más radiante, con decirte que tiene una sonrisa preciosa, Iván.
Matt sonríe mientras habla de Margarita.
Matt: Yo no entiendo cómo es que no vi antes la mujer tan espectacular que tenía a mi lado y no creas que fue porque cambió físicamente. Para nada. Ese cambio vino acompañado de muchas cosas que antes no había visto en ella. Es que… ¡Ah! Me quedo sin palabras, hermano.
Iván: (riendo) ¡Ya, ya! Cálmate. Con todo lo que me dijiste ya te entendí.
Matt: (emocionado) Quiero tenerla conmigo, Iván. Te juro que la quiero, pero no sé si deba, no quiero que piense que estoy jugando con ella sólo porque supe que está enamorada de mí y son muchas cosas de por medio…
Iván: Entonces, hazlo. ¿Qué esperas? Te dije anoche en el bar que no pierdas el tiempo y aproveches. Date la oportunidad.
Matt: ¿Qué me aconsejas?
Iván: Espera a que sea el lunes e invítala a salir después del trabajo. Habla con ella y si te sientes lo suficientemente seguro, pregúntale si quiere ser tu novia.
Matt: ¿Mi novia? ¿Margarita mi novia?
Matt sonríe emocionado pensando en esa posibilidad. Erick no soporta más y se retira de allí. Un par de minutos después, entra a su habitación respirando agitado y se recuesta en la puerta.
Erick: Matt se está enamorando del esperpento ese. Hasta está pensando en proponerle que sea su novia. ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! (Repite furioso)
Erick pega un chillido ante la furia que siente.
Erick: Esto no se va a quedar así. Claro que no. El maldito esperpento ese con cara de burro se va a arrepentir de no haberme hecho caso. ¡Le voy a hacer llorar lágrimas de sangre a la muy infeliz por haberse metido conmigo! ¡Va a ver!
El hombre se queda mirando al vacío totalmente fuera de sí.
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE LORENZA / NOCHE
Es de noche. Luego de varias horas de espera, Margarita ingresa a la habitación a la que ha sido trasladada Lorenza luego de la operación. La muchacha usa una ropa especial requerida para poder entrar a la habitación (cubrebocas, gorro médico y bata).
Margarita: (tomándola de la mano) Mami…
Lorenza yace en la cama conectada a un electrocardiograma, pero logra abrir levemente los ojos.
Lorenza: (débil) Margarita…
Margarita: Tranquila, no digas nada. Yo sólo entré para verte porque me has hecho mucha falta. Tú no te imaginas la angustia tan grande por la que he tenido que pasar contigo aquí en el hospital.
Margarita pasa su mano por la cabeza de Lorenza y no puede evitar ponerse solloza de felicidad.
Margarita: Pero ya gracias a Dios pudieron operarte y todo salió muy bien. La operación fue un éxito y vas a salir muy pronto.
Lorenza: (hablando despacio) Yo… tengo que pedirte perdón… Tengo que pedirte que me perdones…
Margarita: ¿Qué dices? La que debe pedirte perdón soy yo por no haber sido una buena hija. Yo te he causado tantos disgustos. En parte por mi culpa terminaste aquí.
Lorenza: Margarita, tú… Tú no tienes la culpa de nada. Yo he sido muy… (Fatigada) muy injusta contigo.
Margarita la escucha con atención llorando conmovida.
Lorenza: Yo te he tratado muy mal y… Pase lo que pase, te ruego que me perdones, por favor.
Margarita: (extrañada) ¿Qué quieres decir con eso, mamita?
Lorenza: Yo sólo te pido que… me lo prometas. He cometido muchos errores (Hace una pausa). Especialmente, contigo. Por eso perdóname.
Margarita asiente con la cabeza entre lágrimas y le da un beso en la frente a Lorenza.
Margarita: Está bien, mami. Te lo prometo y ahora descansa. Mañana vengo a verte temprano, ¿bueno?
Lorenza: Bueno. Dios te bendiga.
Lorenza le da la bendición a la muchacha con notable debilidad. Luego, esta última se retira de la habitación despacio mirando hacia atrás a Lorenza, quien se ve algo mortificada.
EXT. / CALLE / NOCHE
Adrián sale de su trabajo en la discoteca bastante tarde. Es madrugada y camina por una calle desolada de la capital, percatándose de que es seguido por dos hombres sospechosos.
Adrián: (susurrando) Estos tipejos no me dan buena espina. ¿Qué será lo que quieren?
Adrián dobla en una esquina, pero se detiene en seco al ver frente a él a otros dos hombres. Los que venían detrás lo acorralan.
Adrián: (asustado) ¿Qué quieren? No traigo nada de valor.
Uno de los hombres de adelante les hace una seña con la cabeza a los hombres de atrás. Es así como estos retienen a Adrián de un brazo cada uno.
Adrián: (desconcertado) ¿Qué hacen? Suéltenme.
El otro tipo de adelante se acerca a Adrián y sin darse a la espera, le da un cabezazo en la frente que lo deja completamente aturdido. Luego, lo golpea en el rostro un par de veces al punto de que hiere los labios de él. Los dos hombres de atrás aún lo retienen de los brazos. El hombre que había dado la señal al principio también se acerca a Adrián y le propina un brutal golpe en el abdomen que lo deja literalmente sin aire.
Los dos hombres que aún retienen a Adrián de los brazos lo sueltan. Éste cae en el piso aún afectado por el golpe en el abdomen y entre los cuatro maleantes comienza a pegarle patadas sin piedad.
Adrián: (gritando adolorido) ¡Argh! ¡Argh!
Pasado un minuto, los maleantes se detienen. Adrián yace en el piso, tosiendo de forma compulsiva, adolorido, sangrando y lleno de contusiones en todo el cuerpo luego de aquella brutal golpiza. El hombre que había dado la señal, se inclina levemente y lo jala fuertemente del pelo.
Hombre: Doña Eloísa le manda a decir que esta es solo una advertencia para que se aleje de la hija de ella porque a la próxima lo manda a matar sin contemplaciones como una rata.
El hombre, con rudeza, suelta a Adrián del pelo y se incorpora.
Hombre: Vámonos (Les dice a sus compañeros).
Los cuatro se van de allí caminando rápido y mirando alrededor cuidando de no haber sido vistos. Adrián se retuerce de dolor en el piso e incapaz de levantarse.
INT. / CASA DE LOS ROMERO / NOCHE
Margarita llega a su casa, abre la puerta y la cierra al entrar viendo las luces apagadas.
Margarita: Doña Isabela, ya llegué. ¿Está dormida?
La muchacha prende una pequeña lámpara que hay justo en la entrada. Isabela no responde.
Margarita: Parece que sí se durmió ya. Mejor no la despierto.
Cuando ella se da la vuelta, se encuentra de primer plano con Isabela usando un pijama blanco bastante estrambótico, rulos en el pelo y con la cara cubierta de una mascarilla verde. Margarita se echa para atrás gritando asustada.
Isabela: (extrañada) ¿Qué pasa niña Margarita? Cálmate, soy yo.
Margarita: ¡Ay, doña Isabela! (Reponiéndose del susto)
Isabela: ¿Por qué reaccionas así, mi corazón?
Margarita: ¿Cómo me pregunta usted eso tan campante? ¿Que no se ha visto en un espejo?
Isabela: Por supuesto. Estaba en una sesión de embellecimiento facial. Te estaba esperando para que lo hiciéramos juntas, pero mira la hora a la que llegaste.
Margarita: Pues de echarme esa cosa que usted tiene en la cara, prefiero volver a ser la misma de antes con mi trencita, mi flequillo y sin usar maquillaje ni nada.
Isabela: (mirándola con los ojos entrecerrados) ¿Qué quieres decir? ¿Me estás diciendo que mi mascarilla se ve mal?
Margarita: Pues casi me mata de un susto. Por poco la confundo con un marciano o qué se yo.
Isabela: (indignada) Eso lo dices porque no sabes nada de tratamientos de belleza y ahora que me lo recuerdas, tengo una amiga mexicana me debe un dinero desde hace años de unos cosméticos que le vendí y no me pagó. Gloria se llama la muy ingrata.
Margarita: Tal vez no le ha pagado porque no le hicieron ningún efecto los dichosos cosméticos esos que dice usted.
Isabela: Cállate, niña Margarita. Mis productos son de muy alta calidad, con decirte que los preparo yo misma. Lástima que la niña Mariela no ha querido hacer una asociación conmigo. Imagínate tan solo si Styles, aparte de vender ropa, vendiera cosméticos. ¡Sería una bomba!
Margarita: (riendo) Pues no me imagino. Habría que ver cuál sería el resultado.
Isabela: Cambiando de tema, ¿cómo salió tu madre de la operación, querida?
Margarita: (sonriendo) Muy bien. Incluso hasta pude entrar un momento a verla y hablamos un poco.
Isabela: Me alegra mucho oír eso por ti, ya es hora de que todo te empiece a salir bien.
Margarita: Sí, por fin siento que la vida me está sonriendo. Últimamente he pasado por cosas que nunca había vivido antes … Comenzar a trabajar en una empresa tan importante, conocer a Matt y no sólo él, sino personas tan buenas como usted y doña Mariela.
Isabela: La vida es de cambios. Mírame a mí. Yo nunca pensé que iba a independizarme de una vez por todas de mi arrugada madre y aquí me tienes (Suspira). Las dos somos tal para cual, como uña y mugre, yo la uña y tú la mugre.
Margarita: (riendo) Usted y sus ocurrencias, doña Isabela. Me imagino que las cosas van bien con su novio, ¿no? (Le sonríe pícara).
Isabela: ¿Qué novio dices? Todavía no lo somos o bueno… Después del beso de ayer, creo que ya estamos en planes de serlo. Hasta ya le di el sí por adelantado cuando pida mi mano (Emocionada).
Margarita: ¿Qué hay de su mamá? ¿No piensa buscarla nunca más?
Isabela: (esbozando una sonrisa) Tal vez más adelante. Mínimo ahora debe estar arrepentida de haberme parido, pero ya tomé una decisión y no pienso permitirle que controle mi vida. Lo único que quiero es ser feliz con el niño Adrián.
Isabela se ve segura de sus planes. Margarita le sonríe como asintiendo ante ello.
INT. / CASA UZCÁTEGUI, HABITACIÓN DE ERICK / AL DÍA SIGUIENTE
Erick acaba de salir de la ducha. Tiene una toalla envolviendo la parte superior de su cabeza y está en bata sentado en la cama aplicándose esmalte transparente en las uñas de los manos.
Erick: Qué desfachatez. Tenía las uñas horribles y hoy debo estar divo para lo que pienso hacer.
De repente, tocan la puerta de la habitación un par de veces.
Erick: Pase.
Empleada: (entrando) Buenos días, joven.
Erick: ¿Qué quieres? Estoy muy ocupado (Poniéndose más esmalte con delicadeza).
Empleada: Le acaba de llegar otro sobre anónimo como el del otro día.
Erick deja el esmalte a un lado exaltándose al oír a la empleada, por lo que se levanta de la cama y le arrebata el sobre de forma grosera.
Erick: Retírate y como siempre, ni una sola palabra a nadie sobre estos malditos sobres. ¿Entendido?
La empleada de servicio asiente con la cabeza y se retira de la habitación. Una vez a solas, Erick rasga el sobre y saca el contenido del mismo. Es una carta escrita con recortes de letras de periódicos.
Erick: (leyendo en voz alta) “Estoy más cerca de ti de lo que crees. Te estoy respirando en el cuello en todo momento y no voy a descansar hasta que pagues”.
Erick deja de leer respirando agitado y arruga la carta lanzándola al piso.
Erick: (frustrado) En definitiva, es él… Es el mismo Eugenio que se quiere vengar de mí. ¡Otra piedra más en el zapato a parte de la fea esa de Margarita! Pero ¿qué pasa que todo se me vino encima?
Erick se pasa una mano por la cabeza sin saber qué hacer.
Erick: Con el dinero que le robé a Mariela puedo escapar a otro país, pero no puedo hacer eso, no puedo… Yo no quiero renunciar a Matt y no lo voy a hacer. Tengo que encontrar a ese infeliz y acabar con él de una vez por todas antes de que actúe en mi contra.
Erick se queda pensativo frunciendo el ceño.
INT. / VECINDAD, CASA DE ADRIÁN / DÍA
Isabela toca la puerta de la casa rentada en la que ahora vive Adrián. La casa precisamente está ubicada al interior de una vecindad donde viven otros inquilinos.
Isabela: (extrañada) ¡Qué raro! ¿Por qué el niño Adrián no me abre? ¿En dónde se metió si hoy es su día libre?
Justo cuando la diva se va a retirar, Adrián abre la puerta, aun adolorido por la golpiza de la noche anterior. Isabela se sorprende al verlo tan golpeado y lleno de contusiones en el rostro.
Isabela: (impresionada) ¡Oh, santo cielo! ¿Qué te ocurrió, querido?
Adrián la mira afligido y cabizbajo. Minutos después, ambos están dentro de la pequeña y humilde casa. Los dos están sentados frente a frente y ella derrama varias lágrimas.
Adrián: Tranquila, doñita. No se ponga así.
Isabela: ¿Cómo me puedes pedir eso? Por poco te matan esos salvajes y yo ni enterada.
Adrián: Sí, pero gracias a Dios no lo hicieron. Los cuatro fueron mandados por su mamá para darme dizque “una advertencia” y para que me aleje de usted, pero estoy bien. Tranquila.
Isabela: (preocupada) Claro que no lo estás. Mírate en un espejo. ¿Qué tal si estás fracturado o algo?
Adrián: Pues si lo estuviera sentiría dolor, pero no. Estoy molido por los golpes, pero eso es todo.
Isabela rompe a llorar muy dolida. Adrián se conmueve y la toma de las manos.
Isabela: Yo no quería que esto pasara, niño Adrián. Por eso tenía tantas dudas sobre si corresponderte o no, porque lo que menos quiero es que la salvaje de mi madre te haga daño.
Adrián: Quiéralo ella o no, los dos no nos vamos a separar. Yo la quiero sinceramente y no me pienso alejar de usted sólo porque esos lavaperros comprados por su mamá me amenazaron.
Isabela: Es que no lo termino de creer. Esto es lo peor que ha podido hacer. ¿Cómo tuvo el corazón de hacerte esto? Estoy por pensar que me adoptó y por eso me odia.
Adrián: Yo no creo eso, ¿sabe? Las dos están igual de loquitas. Madre e hija igualiticas.
Isabela ríe levemente entre lágrimas por el comentario de Adrián. Éste le limpia las lágrimas.
Isabela: Tengo miedo, niño Adrián. Yo no quiero que te pase nada malo.
Adrián: Ya no piense en eso. Por ahora luchemos por estar juntos, ser felices y ya está. ¿Qué le parece? Yo le prometo que me voy a cuidar y esto no va a volver a pasar.
Isabela hace un puchero de forma cómica, lo cual hace reír a Adrián. Éste se acerca y le roba un beso sonriéndole enamorado.
INT. / CASA DE LOS ROMERO, COCINA / DÍA
Margarita está preparando el almuerzo cuando de repente escucha que tocan la puerta.
Margarita: (quitándose los guantes de cocina) ¡Ay! ¿Quién será? Estoy muy ocupada ahorita.
La muchacha se dirige a abrir, pero algo llama su atención. Hay un sobre misterioso que alguien ha arrojado debajo de la puerta. Ella lo recoge del piso extrañada.
Margarita: ¿Qué es esto? (Mira el sobre)
Margarita abre la puerta y mira alrededor por si vislumbra a la persona que ha dejado aquel sobre, pero no ve a nadie cerca, por lo que cierra la puerta nuevamente. La cámara enfoca a Eugenio escondido detrás de un árbol.
Margarita: ¡Qué raro! No tiene remitente y no dice para quién es.
Margarita rasga el sobre con curiosidad impactándose al ver el contenido del mismo. La secretaria abre los ojos como platos al ver las vergonzosas fotos de Erick cuando trabajaba en un burdel francés y se prostituía. Son exactamente las mismas fotos que Eugenio posee.
Margarita: (muy impresionada) ¡Chispas!
Margarita una foto tras otra viendo a Erick capturado en diferentes situaciones, haciendo shows sobre una tarima usando vestidos exóticos, maquillaje cargado e inclusive portándose cariñoso con hombres de mediana edad.
Margarita: Este… Este es don Erick más joven, pero es él. ¿Cómo es posible? ¿Quién pudo tirarme esto por la puerta y con qué intención? (Desconcertada)
En eso ella escucha que tocan la puerta de nuevo fuertemente, casi que azotándola. Margarita, asustada, pega un salto.
Margarita: ¡Ay, Dios! (Reponiéndose) Un… un momento, ya voy.
Margarita pone las fotos sobre un escritorio que hay allí cerca de ella y se dirige a abrir con prontitud. Queda sumamente sorprendida cuando se encuentra de frente con nada y nada menos que Erick, quien la empuja para adentrarse en la casa.
Margarita: ¡Don Erick! ¿Qué está haciendo usted aquí?
Erick la toma bruscamente de un brazo.
Erick: (furioso) Vine porque ahora sí vamos a arreglar cuentas tú y yo, maldito esperpento.
Margarita: (soltándose de él) Váyase de mi casa. No le permito que venga a invadir mi espacio con ese atrevimiento y sobre todo a insultarme. ¿Quién se ha creído? (Esconde con disimulo las fotos para que él no las vea)
Erick: (riendo) ¡Vaya! Con que ahora te vas a poner de valiente conmigo. Te vas a rebelar.
Margarita: Tómelo como quiera, pero ya estoy cansada de que me ande insultando como se le antoje. Usted no tiene ningún derecho.
Erick: Tú tampoco tienes derecho a invadir mi vida y desde que te apareciste eso es lo único que has hecho. ¡Fastidiarme con tu presencia y ya me harté de ti!
Erick jala del pelo a Margarita violentamente para despeinarla.
Margarita: (adolorida) ¡Ah! ¿Qué está haciendo? ¡Suélteme!
Erick: (fuera de sí) ¡Te voy a enseñar a que conmigo no te puedes meter, maldita golfa! ¡Arribista, aprovechada!
Erick no suelta a Margarita y la jala zarandeándola a su antojo. Ésta grita adolorida y es lanzada al piso por él. La joven está aterrada al verlo tan agresivo. Parece como si Erick quisiera matarla en aquel preciso instante mirándola fulminante.
INT. / CASA CHARLES, SALA / DÍA
Eloísa lee sentada tranquilamente un libro en el sillón principal de su sala. Isabela irrumpe en ese momento su tranquilidad y detrás la sigue la empleada de la casa.
Empleada: ¡Le dije que no puede pasar, doña Isabela! ¡Su mamá me lo prohibió!
Isabela: ¡Cállate, culi sucia que yo hablo con mi madre cueste lo que me cueste!
Eloísa: (molesta) ¿Qué está pasando?
Eloísa se levanta furiosa al ver a su hija.
Eloísa: ¿Tú qué estás haciendo aquí?
Isabela: Vine a hablar contigo y me vas a tener que escuchar, quieras o no.
Eloísa: Yo no tengo por qué escuchar tus barrabasadas. Lárgate antes de que te mande a sacar a patadas de mi casa. Me avergüenza tener una hija como tú que es capaz de caer tan bajo (Mira a Isabela con desprecio).
Isabela: Es increíble tu cinismo. ¿Con que ahora resulta que soy yo la que cae bajo? ¿Qué me dices de ti? Mandaste a unos matones a darle una paliza al niño Adrián.
Eloísa: (cínica) Sí, lo hice. ¿Y qué hay con eso? El marginal cochino ese se lo merecía por haberse atrevido a retarme y no voy a descansar hasta deshacerme de él.
Isabela: Atrévete a ponerle de nuevo un solo dedo encima y te las vas a ver conmigo.
Eloísa: Lo que faltaba. ¿Me estás amenazando a mí que soy tu madre?
Isabela: (decidida) ¡Pues sí! Y te juro que, si algo le llega a pasar por tu culpa, voy a ir a denunciarte con la policía de inmediato.
Madre e hija se miran de forma retadora. Isabela se ve muy segura de lo que dice poniéndose las manos en la cintura.
INT. / CASA DE LOS ROMERO, SALA / DÍA
Entretanto, Margarita está aterrada al ver a Erick tan violento. La muchacha yace en el piso y retrocede para alejarse de él.
Margarita: ¡Auxilio! ¡Auxilio, ayúdenme! (Intenta salir a la calle corriendo)
Erick la detiene tomándola de un brazo.
Erick: Tú no te vas de aquí, desgraciada.
Margarita: ¡Suélteme o voy a gritar!
Erick: ¡Hazlo y te juro que me vas a conocer!
Margarita: Está completamente loco usted (Rompe a llorar). ¡Déjeme!
Margarita se suelta de él y lo empuja, pero se ve acorralada sin saber qué hacer y toma un candelabro que tiene a la mano amenazando con golpearlo.
Erick: (riendo) ¿Es en serio? ¿Crees que con eso me vas a amedrentar? (Acercándose a ella)
Margarita: (desafiante) ¡Pues ya lo veremos! ¡Dé un paso más y le juro que le parto la cabeza!
Erick: Eres una estúpida. Tanto que te dije de buena manera que te largaras bien lejos, pero no. Me desobedeciste y te quedaste trabajando en la empresa para seducir a mi primo.
Margarita: Yo nunca he seducido a nadie. Todas esas son ideas suyas.
Erick: (furioso) ¡No me trates de ver la cara de idiota! ¿Qué me dices de tu cambio? Te has puesto linda para él, para metértelo por los ojos como una prostituta, pero eso de nada te sirve. En el fondo sigues siendo el mismo esperpento insignificante de siempre.
Margarita: (llorando) ¡Ya cállese y lárguese de mi casa!
Erick: ¿Te duele la verdad? Tú nunca vas a cambiar por más que quieras. Matt es demasiado hombre para meterse con alguien como tú.
Margarita: ¿Es que acaso él sí se podría meter con usted?
Erick desencaja el rostro al escuchar la pregunta de ella.
Margarita: Tanto celo, tanto acoso y maltrato hacia mí sólo porque él y yo somos amigos no son normales. Yo al principio no lo entendía, pero ahora sí veo todo con claridad.
Erick: ¿De qué estás hablando?
Margarita: Usted lo sabe mejor que yo, don Erick. Yo ya sé muy bien las razones por las que me odia.
Erick comienza a respirar agitado al escucharla. Margarita tiembla un poco tratando de tomar un poco de valentía.
Margarita: Usted me dice que Matt nunca se fijaría en mí por ser fea, pero sinceramente no creo que sí se vaya a fijar en usted que es hombre. Matt no es gay.
Erick: (negando con la cabeza) Estás loca. ¿Qué quieres decir con eso? ¿Insinúas que yo…?
Margarita: Yo no insinúo nada. Es la verdad. Usted sólo está resentido y por eso me detesta, porque está enamorado de Matt y me ve a mí como su enemiga. ¿Me lo va a negar?
Erick respira cada vez más agitado al escucharla. Incluso sus ojos se ponen rojos al verse encarado por Margarita.
Margarita: ¿Me va a negar que es gay y que es un resentido que no se acepta abiertamente?
Erick: (histérico) ¡¡Cállate!!
Erick no lo soporta más y se atreve a lanzarle una bofetada con el dorso de la mano. Margarita se vuelve sorprendida el rostro, pero no se da a la espera y frunciendo el ceño, le devuelve la bofetada con más intensidad. Los dos se quedan mirando de forma desafiante.
CONTINUARÁ…














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