Capítulo 25: Gran final (2° parte)

INT. / CASA CHARLES, SALA / DÍA

Paralelamente, unos hombres están moviendo de lugar varios objetos de la casa para cambiarlos de lugar. Isabela es quien les da instrucciones.

Isabela: Pongan estos muebles con olor a viejo tamalero por allí, mis corazones y ese reloj de péndulo que ven allí métanlo en el sótano.

Los hombres siguen las órdenes de la diva y sacan todos los accesorios uno en uno. Adrián entra a la sala en ese momento extrañándose al ver lo que sucede.

Adrián: ¿Y ahora? ¿Qué le dio, doñita? ¿Va a empeñar las cosas de su mamá para salir de la quiebra o qué?

Isabela quita el cuadro con la foto en sepia de su difunta abuela mientras habla.

Isabela: Nada de eso, niño Adrián. Estoy haciendo cambios en esta que ahora es mi casa. La arrugada de mi madre tenía esto convertido en un museo con ella como momia incluida.

Isabela tira el cuadro al piso y se sacude las manos.

Adrián: Pues no me parece mala idea. Por fin salió algo inteligente de su cabecita hueca. Mis respetos déjeme le digo.

Isabela: (entrecerrando los ojos) Más hueco estás tú por el asterisco. Respétame que soy tu futura esposa y nos vamos a casar, culisucio.

Adrián: Huy, qué violencia. Cuando se lo propone, puede ser bien vulgar usted.

Isabela: Tú me provocas, además, no ando de buen humor. Me siento muy mal de solo pensar que mi madre está en la cárcel. Debe ser la reclusa más arrugada y más vieja de allá.

Adrián: ¿Qué le preocupa? Ella mismita se lo buscó por ponerse de chistosa a manejar drogas.

Isabela: Yo sé, pero aun así no dejo de pensar que habríamos podido evitar esta situación si ella no se hubiera empeñado en retenerme a su lado para moldearme como una solterona amargada.

Adrián: Usted sólo buscó su felicidad, doñita. Era eso o vivir arrepentida el resto de sus días por lo que no pudo ser.

Isabela: Sí, cariño. Tienes toda la razón y esto en parte te lo debo a ti.

Adrián: ¿Ah, sí? ¿Por qué a mí?

Isabela: Porque tú me abriste el tercer ojo que necesitaba para ver la realidad.

Adrián: (asustado) Creo que se está confundiendo, doñita. Tal vez fue otro tipo el que le abrió ese tercer ojo que dice usted, pero yo no fui.

Isabela: ¡Oh, santo cielo! Cuando hablo de tercer ojo me refiero al despertar de la consciencia, puerco (Pegándole una palmada).

Adrián: (adolorido) ¡Ay!

Isabela: Todos son una bola de ignorantes que siempre piensan mal de mis sofisticados términos de cosmología.

Adrián: (sobándose el brazo) Bueno, volviendo al tema, relájese. Haga de cuenta que su mamá está en un asilo de esos para viejitos y que allá va a estar perfecta. Preocupémonos mejor por nosotros, ¿no le parece?

Adrián rodea con sus manos la cintura de Isabela sonriéndole con calidez.

Isabela: Sí, mi corazón. Mi única intención ahora es vivir plena a tu lado y no pensar en nada más. Te amo.

Adrián: Y yo a usted, mi doñita hermosa.

Los dos se dan un beso corto en los labios y a modo de juego, él la carga entre sus brazos como típicamente hacen los novios recién casados.

Isabela: ¡Oh, santo cielo! ¿Qué haces? ¡Bájame, niño Adrián!

Adrián: (riendo) Deje de ser cascarrabias que sólo estoy practicando para la noche de bodas, aunque… (Cargándola con dificultad) Está como pesadita usted, ¿no? Me va a dejar sin aire.

La pareja se retira de la sala mientras siguen riendo felices, pues sienten una enorme tranquilidad ahora que no hay nadie que les impida estar juntos.


INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN DE MARIELA / DÍA

Mariela acaba de almorzar. Puede verse a la mujer de mejor semblante e incluso luce rozagante a pesar de haber estado al borde la muerte días atrás. Una enfermera retira la bandeja.

Mariela: (a la enfermera) Muchas gracias.  

Enfermero: De nada, señora. Con permiso.

La enfermera se retira de la habitación justo al tiempo que entra un hombre que toca la puerta y sostiene un gran arreglo floral que le cubre el rostro. Margarita viene enganchada de brazo con el hombre y se ríe quisquillosamente.

Hombre: (engrosando la voz) Disculpe, le mandan este detalle a una dama de por aquí que se llama Mariela. ¿Me puede decir dónde está para entregárselo?

Mariela: (riendo) Bobo, como si no supiera quién es. Déjate ver.

El hombre aparta el arreglo floral de su rostro dejándose ver. Es Matt.

Matt: Cómo hacer de payaso no se me da tan bien. Hubiera contratado a Isabela.

Mariela: (riendo) Tampoco te pases de cruel con la pobre. Donde te oiga, pone el grito en el cielo. ¿Cómo están, mis muchachos?

Matt pone el arreglo floral sobre una mesa. Margarita, mientras, se acerca a Mariela y se sienta a su lado en la cama.

Margarita: Muy bien, mamá. Matt ha tenido mucho trabajo tratando de reemplazarte por estos días, pero lo ha hecho excelente. Te lo aseguro.

Mariela: (entrecerrando los ojos) Hum, pues más le vale. Que no vuelva yo y encuentre la empresa patas arriba porque le van a sobrar pellizcos por un buen tiempo (Todos ríen).

Matt: Huy, qué mala. Hasta miedo me dio ya (Besándola en la frente). ¿Tú cómo estás?

Mariela: Bien. Cada día me siento mejor. No veo la hora de que me den de alta para volver a la casa y a la empresa.

Matt: Margarita y yo hablamos con el doctor antes de entrar y nos dijo que te estás recuperando a pasos agigantados, así que a lo mejor sí te van a dar de alta más pronto de lo que piensas.

Mariela: Ay, qué bueno. Me quiero parar de una buena vez de esta cama y volver a mi vida, más ahora que tengo tantos motivos de sobra.

Mariela toma de las manos a Margarita y ambas se sonríen entre sí.

Matt: (esbozando una sonrisa) Me imagino y ya hasta veo en ti algo diferente. Te veo más tranquila, como si por mucho tiempo hubieras estado cargando con algo que te agobiaba y que ya por fin lo liberaste.

Mariela: No te equivocas. Dios me dio de alguna forma las fuerzas para continuar porque no fue fácil vivir sabiendo que había perdido a mi hija. Me era imposible olvidarme de ella y seguir con mi vida como si nada.

Margarita: Deja de pensar en eso, mamá. Estamos juntas que es lo que importa y muy seguramente las cosas van a ser muy distintas de aquí en adelante. Ya no te mortifiques.

Matt: Es cierto y a todos nos cambió la vida en solo unos días cuando menos esperábamos.

Mariela: Matt, yo sé que no hemos tenido oportunidad de hablar largo y tendido sobre el tema, y supongo que ya habrás escuchado gran parte de la historia por cuenta de Margarita, pero créeme que nunca quise engañarte a ti o a tu padre.

Matt: No te preocupes. Yo sé que no tuviste mala intención, aunque también pienso que habrías sobrellevado mejor la situación si te hubieras sincerado con papá o conmigo desde un principio.

Mariela: Tu padre era un gran hombre y te juro por lo más sagrado que lo amé demasiado, pero tuve tanto miedo de perderlo en cuanto supiera la verdad que por eso callé y sólo pensé en decírsela con el tiempo, cuando pudiera volver por Margarita y él pudiera asumir mejor que yo tenía una hija para que me aceptara así, pero Lorenza desapareció y ya el resto lo sabes…

Matt: (sonriéndole) Te entiendo y no pienso reprocharte nada. Todo lo contrario, ¿sabes? Te admiro porque a pesar de tantos años de lucha, nunca te rendiste y mírate hoy. Por fin tienes la dicha de estar con la hija que tanto buscaste.

Matt rodea con uno de sus brazos a Margarita y comparten sonrisas muy enamorados.

Mariela: Me alegra verlos tan felices y solo espero a salir de aquí para cambiar muchas cosas. Primero me gustaría que dejes tu puesto como secretaria, Margarita.

Margarita: (desconcertada) ¿Por qué, mamá? Es un trabajo con el que me siento cómoda. Además, desde allí puedo ayudarte bastante a Matt.

Mariela: Es que quiero que te capacites para que ocupes otro cargo, hija. Yo sé que eres una muchacha muy capaz e inteligente, y puedes lograr grandes cosas en la empresa.

Matt: Sí, mi amor. Tú tienes un gran potencial más del que tengo yo como director ejecutivo. ¿Y por qué no? Hasta podrías ocupar mi cargo en algún momento o liderar otra área.

Margarita: Ay, no sé qué decir. Me toma por sorpresa y yo la verdad no es que entienda mucho de esos cargos tan importantes. Yo sólo tengo experiencia como secretaria.

Mariela: Por eso no te preocupes. Además, bien que me acuerdo del día de tu entrevista cuando me dijiste que querías estudiar contaduría.

Margarita: (poco convencida) Sí, pero…

Mariela: Pero nada. Tú sólo acepta.

Matt: Sí, mira que es una oportunidad muy grande para ti de crecer como profesional.

Margarita: Bueno, pues todavía como que no me convenzo del todo, pero está bien. Voy a aceptar.

Mariela: Me alegra. Yo me voy a encargar de que te prepares y te capacites lo suficiente.

Matt: Yo, por mi parte, también tengo algo que decirles.

Mariela: Debe ser algo importante por el tono tan serio en que lo dices.

Matt: (sonriendo) Más que importante, es algo que significa demasiado para mí y después de pensarlo, ya no me quedan dudas.

Margarita: (extrañada) ¿De qué se trata, mi amor?

Matt: De cierta forma quiero concederles a las dos la oportunidad de que estén más cerca que nunca, que vivan juntas, porque se merecen recuperar el tiempo perdido y, aparte, si hay algo de lo que estoy seguro es del amor que siento por ti, Margarita.

Matt le acaricia con suavidad el rostro a su novia mirándola fijamente. Ella se ruboriza un poco y le sonríe.

Margarita: Tú sabes que yo también te amo, mi amor, pero no entiendo. ¿A qué viene que me lo digas en este momento?

Matt saca del bolsillo de su chaleco una pequeña caja y la abre al frente de la muchacha, quien no tarda en mostrar gran impresión al ver en el interior un precioso anillo de compromiso. Mariela también denota gran sorpresa.

Margarita: ¡Matt! (Llevándose las manos a la boca)

Matt: Margarita, cuando te conocí no me imaginé que ibas a convertirte en alguien tan especial para mí y mucho menos que me iba a terminar enamorando de ti como nunca. Tú me enseñaste otra forma de querer, de amar y por eso es que no tengo dudas de esta decisión.

Margarita: (muy emocionada) Matt, mi amor…

Matt: Deseo que compartamos nuestra vida juntos y sólo si tú aceptas, quisiera que este sea el comienzo de muchos años de felicidad para nosotros y nada me haría más feliz que sellar para siempre este amor tan bonito que sentimos los dos.

Margarita: (muy emocionada) ¡Ay, chispas! Esto parece sacado de un cuento de mi cabeza o de un sueño. Ay Dios, no me lo puedo creer.

Matt: Con la diferencia de que hoy tenemos la oportunidad de hacer ese cuento realidad, así que no esperemos más. ¿Te gustaría casarte conmigo?

Margarita no puede evitar romper a llorar de la felicidad y mira a su madre. Mariela, sonriéndole con calidez, asiente con la cabeza en señal de aprobación.

Margarita: ¡Claro que quiero, Matt! ¡Claro que quiero casarme contigo, mi amor!

Matt entonces toma la mano de la muchacha y le pone el anillo en el dedo anular de la mano derecha de una forma muy especial. Luego, la pareja se une en un beso ante la mirada de felicidad de Mariela. Es así como la escena se pone en blanco y poco a poco comienza a aclararse. Margarita está en una habitación, sentada frente a un espejo, vestida de novia y sosteniendo un ramo de flores.

Ella mira su reflejo y esboza una cierta sonrisa nostálgica. Isabela entra en ese momento con cierto apuro y cabe decir que luce bien vestida para la ocasión.

Isabela: ¡Oh, santo cielo! ¿Por qué te demoras tanto, niña Margarita? Todos los invitados ya llegaron y hasta el padrecito está esperando.

Margarita: Voy, doña Isabela. Deme un momento.

Isabela: ¿Qué tanto piensas ahí sentadota frente al espejo? ¿Te vas a arrepentir de casarte? Porque si es así, salgamos por la puerta trasera y huimos en mi auto. Es ahora o nunca, niña Margarita. ¡Rápido!

Margarita: Claro que no. Es que todavía me parece increíble que me vaya a casar con el hombre de mi vida. Usted no se imagina cómo me hacía ilusión llegar al altar, pero por fea solo me limitaba a soñar y resignarme con que el amor no era para mí.

Isabela: Ay, mi corazón. ¿Qué te puedo decir? Hay bendiciones que nos llegan cuando menos esperamos y el cielo te bendijo enviándome a tu vida para que te quitara la cara de burro.

Margarita: (riendo) Usted no cambia ni en el día de mi boda. Mejor acompáñeme al jardín.

Margarita se pone de pie con cuidado luciendo reluciente con su vestido. Isabela la toma de gancho y ambas salen de allí.

Isabela: Escúchame bien. Cuando lances el ramo, intenta que me caiga a mí para que sea yo quien lo atrape.

Margarita: ¿Usted para qué si ya en esto se casa también con su prometido?

Isabela: (susurrando) Es que aquí, entre nos, necesito otro marido para que me mantenga, niña Margarita.

Margarita: (riendo) Está loca usted definitivamente. Debería darme buen ejemplo viendo que es mi madrina de bodas.

Isabela: Hay que ser más avispa en este mundo, mi corazón. Mejor démonos prisa.

Minutos después, Margarita llega a un amplio jardín con hermoso césped, sin embargo, dicho jardín está bien decorado para la boda, con decenas de sillas para los invitados y una alfombra larga en medio sobre la cual la muchacha camina en dirección al altar.

Matt está allí esperándola vestido de novio. Él, al verla, sonríe deslumbrado con notable felicidad al punto de que se pone sollozo y derrama un par de lágrimas de la emoción. Iván es quien la va a entregar. En los primeros asientos, presenciando el evento, se encuentran Mariela, Lorenza, Isabela, Adrián y Agustina. Armenteros, además, es quien preside la eucaristía.

Iván: Hermano, aquí tienes. Te la entrego y deseo de corazón que sean muy felices.

Margarita: Mil gracias, Iván.

Matt: Gracias, mi hermano.

Iván se retira y va a sentarse en los primeros asientos. Matt toma con delicadeza la mano de su prometida y ambos no dejan de mirarse mutuamente dejando ver ante la vista de todos los invitados el amor que sienten el uno por el otro.

Matt: Estás preciosa, como siempre, pero hoy estás hecha un ángel.

Margarita: Y tú un príncipe.

La joven pareja se sonríe y se ponen de frente al sacerdote. Armenteros comienza entonces con la ceremonia.

Armenteros: Hermanos, en esta mañana, estamos reunidos todos aquí para presenciar la unión de este hombre y esta mujer en santo matrimonio.

Isabela, entre el público, se conmueve y con un pañuelo se limpia los ojos. Mariela observa a su hija e hijastro unirse en matrimonio con gran ilusión.

Armenteros: Hoy, estas dos personas, son el reflejo del más puro y sincero amor, la prueba de que el amor triunfa siempre sobre todas las cosas sin importar qué y que ahora ustedes, Margarita y Matt, se vuelven uno después de caminar juntos durante meses para llegar a este punto que es solo el comienzo de otro camino y les invita a llevarse el uno del otro siempre de la mano.

Armenteros continúa dando su reflexión al tiempo que los presentes escuchan expectantes y con atención. Es así como, luego de un rato, llega el momento en el que Margarita y Matt hacen sus votos matrimoniales para luego intercambiar sus anillos respectivamente. Matt pone el anillo en el dedo anular de Margarita y luego ella realiza lo mismo con él.  

Armenteros: Hijos, ahora, por el poder eclesiástico que me ha sido dado, los declaro marido y mujer. ¡Felicidades y Dios los bendiga!

Margarita y Matt no tardan en besarse al tiempo que son envueltos en interminables aplausos por parte de los presentes. Mariela se acerca a ellos muy conmovida.

Mariela: Felicidades, mis muchachos. Los amo demasiado. Mis mejores deseos. Este es el mejor regalo que me han podido dar hasta ahora.

Margarita: Muchas gracias, mamá.

Mariela abraza primeramente a Margarita y luego hace lo mismo con Matt. Lorenza también se acerca y se dirige a Margarita.

Lorenza: (solloza) Me siento tan orgullosa de ti. Esto te lo mereces con creces y hasta más. Felicidades.

Lorenza abraza de forma muy fraternal a la muchacha, quien también le corresponde.

Margarita: (sonriendo) Gracias, mamá. Para mí significa muchísimo tenerlas a ustedes dos aquí conmigo. Las quiero mucho.

Lorenza: (a Matt) Espero que puedas cuidar bien de Margarita, Matt.

Matt: Créame que así lo haré, doña Lorenza.

Matt toma de la mano a su ahora esposa y ella se recuesta sobre el hombro de él con cariño.

Matt: Esta mujer es el amor de mi vida y la voy a cuidar siempre.

Los demás conocidos también se acercan a la pareja para felicitarlos en medio de un momento rodeado de gran alegría y gozo.


INT. / CÁRCEL, SALÓN / DÍA

Entretanto, Erick se ve en medio de un salón con tablero y pupitres. Tal parece que está impartiendo lo que parecen ser clases a otros reclusos de la cárcel. Muchos de ellos escriben sobre cuadernos y otros leen libros, por lo que él se les acerca para enseñarles a leer y escribir con paciencia. Mientras se enfocan dichas escenas, la voz del hombre suena en off.

Erick: Hace ya casi un año que entré a este lugar y aunque estoy privado de la libertad, ha sido la mejor experiencia que he podido tener. Es la primera vez en mi vida que me siento en paz conmigo mismo y con el propósito de ayudarles a otros, cosa que en el pasado jamás hubiera hecho por mi egoísmo y por ese ridículo grado de superioridad que tenía…

Erick se acerca a un hombre de la tercera edad que tiene en sus manos un libro y luce frustrado.

Erick: ¿Qué le pasa, don Pedro? ¿Por qué no ha terminado los ejercicios del libro?

Pedro: Está bien difícil. Yo no tengo edad para estas cosas ya. Loro viejo no aprende a hablar como dicen por ahí.

Erick: No diga eso que nunca es tarde para aprender, además, piense que con esas actividades de alfabetización le van a reducir la pena si consigue el diploma y va a salir más pronto para que conozca a sus nietos. Venga déjeme le ayudo y de paso le explico otra vez.

Erick le sonríe, se sienta al lado del recluso y comienza a explicarle nuevamente.

Erick: (voz en off) Estoy contento porque todos los días aprendo algo de mis compañeros y me he adaptado bien así las condiciones para vivir no sean las mejores. Incluso, con todo mi pasado tormentoso, no me imaginé que iba a encontrar una persona para mí…

Mientras él le explica a su compañero, de lejos intercambia miradas con otro recluso de aproximadamente su misma edad. Erick le evade la mirada y sonríe algo avergonzado. Más tarde, Erick se encuentra en el patio de la cárcel escribiendo sobre un cuaderno y aquel joven recluso se le acerca sentándose al lado.

Raúl: ¿Qué escribes tan concentrado?

Erick: Estoy terminando de escribir la novela que pienso publicar basada en mi vida cuando salga.

Raúl: ¿Puedo ver?

Erick: Es una sorpresa. Mejor es que esperes a leerla de forma inédita cuando tenga la oportunidad de lanzarla.

Raúl: Todavía falta para que eso pase. Te dieron tres años con el abogado que te consiguió tu primo y apenas llevas uno, ¿no?

Erick: Voy a esperar lo que haga falta. Me siento bien aquí y tampoco tengo afán.

Raúl: Y… ¿Qué hay de mí?

Erick se sorprende por la pregunta y no responde para seguir escribiendo. Raúl, ante ello, lo toma de una de sus manos con delicadeza para que se detenga.

Raúl: Óyeme…

Erick: (suspirando) Raúl, estoy ocupado y no me gusta que me interrumpan cuando tengo cosas pendientes por hacer.

Raúl: Mañana ya salgo en libertad y parece como si no te importara. ¿O es que acaso sí es así y te da lo mismo?

Erick: ¿Y qué quieres qué haga? Todavía me faltan un par de años para quedar en libertad. Es mejor que sigas con tu vida y te reconcilies con tu papá.

Raúl: Mi papá y yo ya nos reconciliamos. Piensa mandarme al extranjero a que termine de validar mis estudios.

Erick: Entonces, ¿cuál es el problema? Vete y aprovecha la oportunidad de rehacer tu vida.

Raúl: Quiero rehacerla contigo.

Erick baja la cabeza al escucharlo.

Erick: Yo no te convengo. Es complicado que algo se dé entre nosotros.

Raúl lo toma de una mano disimuladamente cuidando no ser vistos.

Raúl: Tu pasado no me importa. Si los dos estamos aquí es porque cometimos errores, pero nos arrepentimos y queremos cambiar. Démonos la oportunidad, Erick.

Erick guarda silencio.

Raúl: Te prometo que te voy a esperar el tiempo que te quede.

Erick piensa durante algunos segundos con duda, pero al final esboza una sonrisa y presiona la mano de Raúl.

Erick: Está bien.

Los dos se sonríen entre sí.

Erick: (voz en off) Después de todo por lo que pasé y a pesar de estar encerrado por mis errores, ahora puedo decir seguro que me siento más libre que nunca, sin miedo y cambiando mi vida.


INT. / HOTEL, HABITACIÓN / NOCHE

Matt está terminando de leer una carta sentado en la cama. Erick se la ha enviado contándole precisamente lo que acaba de relatar de su vida en prisión.

Erick: (voz en off) Por otra parte, hace unos días me enteré por el periódico que te vas a casar y, a lo mejor, cuando leas esta carta ya lo hayas hecho, así que no me queda más que felicitarte y enviarte un fuerte abrazo desde aquí. Te llevo siempre presente, primo y espero pronto nos podamos ver de nuevo… Erick.

Margarita hace aparición en la escena en ese momento vestida en ropa ligera y se sienta al lado de él.

Margarita: ¿Qué lees, mi amor?

Matt: Una carta de Erick. Me la envió desde la cárcel.

Margarita: ¿Ah, sí? ¿Y cómo está? ¿Qué te dice?

Matt: Todo parece que está marchando bien para él. Hasta de profesor se puso. Les está enseñando a leer y escribir a los presos, y por lo que entendí, hasta novio creo que se consiguió.

Margarita: Ay, me alegra muchísimo. Me imagino que no ha sido fácil para él adaptarse. Beto también está en la cárcel como sabes, así que lo entiendo.

Matt: Por lo menos con los abogados que contraté, logramos reducir la pena de los dos. Mariela, además, no levantó cargos contra Erick por haberla chantajeado y eso también ayudó.

Margarita: Espero que pueda terminar de rehacer su vida una vez que salga en libertad. Entre los dos pasaron cosas muy fuertes, pero no siento ningún rencor hacia él. Hasta me encantaría que con el tiempo pudiéramos llegar a ser amigos. ¿Por qué no?

Matt: Por eso te amo tanto, mi amor (La besa). Tu forma de ser fue lo que me enamoró de ti y míranos ya. Vamos a tener nuestra primera noche de casados.

Matt la besa de nuevo y ella le corresponde.

Margarita: Sí, me parece tan mágico. Todavía me acuerdo la primera vez que te vi y tú ni atención me prestaste el día que fui a la entrevista para trabajar en Styles.


FLASHBACK

Matt no dice nada, se levanta molesto y sale con una expresión seria en rostro al tiempo que Margarita, quien espera de pie lo alcanza a ver fascinada y se le queda mirando. Parece que el tiempo se detiene para ella y una fuerte impresión por Matt la invade. Él sin embargo ni siquiera la echa de ver y sigue su camino subiendo al ascensor

Secretaria: (a Margarita) Puedes entrar.

Margarita: (reaccionando) Gr… Gracias...

Margarita entra a la oficina de Mariela, pero se queda mirando para atrás a Matt, hasta que las puertas del ascensor se cierran y ya no lo puede ver más.

FIN DEL FLASHBACK


Matt: (riendo) ¿De verdad? Eso nunca me lo habías contado.

Margarita: Porque no lo vi relevante, pero ahora que lo pienso, me parece muy curioso que la historia de los dos empezara de esa forma y que terminara así. ¿Quién lo diría?

Matt le acaricia el rostro con suavidad.

Matt: Te equivocas, mi vida. Esta no es todavía ni la mitad de la historia que vamos a construir juntos a partir de ahora. Todavía tenemos mucho por delante.

Margarita: (sonriendo) Sí, mi amor. Tienes razón.

Los recién casados se dan un beso despacio y con cariño durante varios segundos. Ella toma el rostro de él entre sus manos y le habla muy de cerca.

Margarita: Te amo.

Matt: Yo a ti, Margarita.

De nuevo, la pareja se une en un beso a medida que va tornándose más apasionado y es así como, minutos después, se ven a ambos entre las sábanas consumando su matrimonio. Matt está sobre Margarita y la llena de besos mientras recorre con sus manos los brazos de ella hasta llegar a las palmas entrelazándolas con las suyas. Margarita también lo besa y cierra los ojos dejándose llevar de lo que siente y poco a poco, la cámara va alejándose mientras ellos continúan teniendo aquel momento de amor a solas en la penumbra de la habitación.


INT. / CÁRCEL, BAÑOS / AL DÍA SIGUIENTE

Eloísa se encuentra fregando con una esponja los pisos de los baños de la cárcel a la que fue recluida. Es de notar que usa su respectivo uniforme, luce sucia como si tuviese hollín en el rostro y tiene su corta cabellera blanca revuelta.

Eloísa: (fastidiada) Desgraciada negra. Me quisiera arrancar el pelo de la ira cada vez que pienso que por su culpa me está pasando esto. Un año aquí y no me acostumbro todavía a esta pocilga mientras ella anda feliz de la vida con ese maldito pordiosero.

Una guardiana con una apariencia masculina entra al baño y se dirige a ella.

Guardiana: Oiga, abuela. Tiene visita.

Eloísa: (sorprendida) ¿Visita? ¿De quién?

Guardiana: Vaya usted misma a ver. ¿O acaso cree que aquí mandamos razones?

Eloísa: (levantándose) Solo preguntaba. No tiene que hablarme con esa grosería, “señora” (Dice mirándola de arriba abajo con desprecio).  

Guardiana: Bueno, vaya de una vez y apúrese que está bien lenta para terminar de limpiar.

Eloísa: ¿Qué le importa? Yo trabajo a mi ritmo, además, yo ya no tengo edad para hacer cosas de sirvientas. Usted métase en sus asuntos.

Guardiana: Deje de alebrestarse, vieja bruja.

Eloísa: (con desprecio) Vieja bruja su madre, marimacho inmunda. Mejor ocúpese de casarse y conseguirse un hombre.

La guardiana se ofende y jala a Eloísa de la cabellera mientras le habla cerca al oído.

Eloísa: (adolorida) ¡Argh! ¿Se volvió loca? Suélteme.

Guardiana: Óigame bien (Jalándola más fuerte). Esto acá no es un ancianato como para que se crea una emperatriz. O acata las normas o le va a ir muy mal.

Eloísa mira furiosa a la guardiana y guarda silencio. Ella la suelta del pelo y se retira. Minutos después, Eloísa hace aparición en la sala de visitas y se sorprende al ver a Adrián esperándola sentado.

Eloísa: ¿Usted?

Adrián: Buenas tardes, doña Eloísa.

Eloísa: ¿Qué está haciendo aquí? ¿Vino a verme para burlarse de mí y verme humillada?

Adrián: Para nada. Vine para hablar seriamente con usted de Isabela.

Eloísa: Yo no tengo nada de qué hablar con usted sobre esa travestona malagradecida. Váyase por donde vino y ni se le ocurra regresar porque no pienso atender visitas de pordioseros.

Adrián: (mirándola) Pues no es por nada, pero yo diría que la pordiosera es otra. Yo por lo menos he venido estudiando, pero mírese cómo está, doñita. Parece sacada de un manicomio.

Eloísa: (ofendido) ¡Atrevido! Si eso es así, es por culpa de ustedes dos que se me amangualaron en mi contra para hacerme ver como una vulgar vendedora de droga.

Adrián: Ahí se equivoca porque si usted está encerrada acá es porque se lo buscó por haberme querido inculpar a mí de cargar con esas porquerías que yo ni me meto.

Eloísa, frunciendo el ceño, decide retirarse. Adrián la llama para detenerla.

Adrián: Hey, doñita. Yo siendo usted me sentaría a escuchar. Créame que le conviene.

Eloísa: (volteando) Nada que pueda venir de usted me conviene.

Adrián: Ah, bueno. Pues si eso es lo que piensa, allá usted (Poniéndose de pie). Yo sólo quería hacerle un trato para que saliera de aquí, pero ya que a usted no le interesa, no tengo nada más qué hacer. Buen día.

Adrián se dispone a retirarse. Esta vez es Eloísa quien lo detiene.

Eloísa: ¡Espere! (Adrián la ignora) ¡Espérese le digo!

Adrián voltea a verla sonriéndole con cierta burla.

Adrián: ¿Qué pasó? ¿Cambió de opinión?

Eloísa: ¡Jamás! Para mí usted siempre será un pobre diablo de las calles que mi hija acogió por caridad, pero tratándose de la situación, me interesa escuchar y hasta podría hacer una excepción.

Adrián: Muy bien. Así me gusta, más mansita.

Eloísa: (fastidiada) Cállese y dígame de una buena vez de qué se trata ese dichoso trato.

Adrián: Bueno, para que vayamos a lo que es, tengo un viejo amigo que está en la cárcel en estos momentos pagando una condena por haber sido vendedor, o sea el mismo crimen suyo.

Eloísa: Falso, yo no cometí ningún crimen ni mucho menos soy vendedora de esas porquerías. Todo fue un montaje.

Adrián: Como sea, él me debe un favor porque hace muchos años mi mamacita, que en paz descanse, y yo le salvamos la vida y podría convencerlo para que mienta y diga que trabajó para usted. ¿Me entiende? De esa forma, la policía pensaría que usted es inocente y que él fue el que puso ese paquete entre sus cosas.

Eloísa: (pensativa) ¿Por qué haría usted algo como eso si me odia?

Adrián: Yo no la odio, doña Eloísa. Después de todo, usted es la madre de la que va a ser mi esposa y ella se siente triste sabiéndola encerrada en esta pocilga.

Eloísa: ¡Por favor! Ese no es un motivo válido para que quiera verme en libertad. Debe haber algo más que quiere a cambio, así que hable. Dígame qué es.

Adrián: Pues ya que me lo dice, sí. Hay una condición y sólo si la acepta, le doy mi palabra de que en menos de lo que canta un gallo sale de aquí.

Eloísa mira con los ojos entrecerrados al hombre expectante frente a dicha condición. Él le sigue sonriendo con burla.


EXT. / HOSPITAL PSIQUIÁTRICO, PATIO / DÍA

Iván y Agustina caminan por la acera de un amplio patio. Puede verse que muchas personas han venido a visitar a sus familiares internados en aquel hospital psiquiátrico.

Agustina: Gracias por haber venido a acompañarme hoy a visitar a mi hija, joven. Usted siempre ha estado tan pendiente y no tengo ni cómo pagarle a usted y a su amigo Matt lo que han hecho.

Iván: No hay nada qué agradecer, doña Agustina. Matt y yo sólo las hemos querido ayudar a usted y a Andrea.

Agustina: Pero me da tanta pena con ustedes. Este hospital es carísimo y desde hace un año que mi hija está aquí internada.

Iván: El precio es lo que menos importa tratándose de la salud de ella. Despreocúpese. Además, este es uno de los mejores hospitales psiquiátricos de la ciudad.

Los dos dejan de caminar y observan de lejos precisamente a la muchacha, quien está sentada en una banca, vestida de bata y mirando al vacío en silencio.

Agustina: Podrá ser de los mejores, pero sinceramente estoy perdiendo las esperanzas de que se recupere joven. Mírela. Está allí, como metida en su propio mundo y todos los domingos vengo a visitarla y le hablo, pero no me dice nada. Ni siquiera me mira.

Iván: La entiendo, pero debe tratar de tener paciencia. Todavía es pronto para ver resultados. Una recuperación y tratándose del caso de ella no se da de la noche a la mañana.

Agustina: (afligida) ¿Usted sí cree que se recupere?

Iván: Claro, así que no se me ponga triste, ¿bueno? Más bien, sígale hablando. Tarde que temprano va a reaccionar.

Iván conforta a Agustina frotándole la espalda. Minutos después, la anciana se acerca a su hija y se sienta a su lado.

Agustina: Hola, mija, soy yo otra vez.

Andrea no se inmuta ante el saludo y sigue sumida en su letargo.

Agustina: Hoy, como siempre, la vine a ver, a hacerle compañía como cada tarde y quiero que sepa que la falta tan grande que me hace.

Agustina, con aflicción, le acaricia el cabello. Andrea sigue sin reaccionar.

Agustina: Está tan bonita hoy (Hace una pausa y suspira) Ay, mija. Cuánto diera para que pudiera volver a ser la misma de antes, pero que ya deje de lado tanto odio y pueda soltar el pasado.

Andrea guarda silencio. Tan solo pestañea y respira. Agustina la toma de las manos.

Agustina: Yo la necesito conmigo y lo que más deseo es que pueda rehacer su vida como una muchacha de bien. Trate de escucharme y esfuércese, se lo pido.

Andrea, de repente, voltea a ver a Agustina con cierta curiosidad y la mira fijamente. Agustina se sorprende.

Agustina: ¿Andrea? ¿Andrea, hija, me reconoce?

Andrea: Ma… ¿Mamá?

Agustina: (muy emocionada) ¡Sí, mija! ¡Soy yo! ¡Yo soy su mamá!

Andrea: ¿Dónde estabas? Te he estado esperando.

Agustina no puede evitar romper en llanto. Andrea se extraña.

Andrea: ¿Por qué lloras? ¿Es por mi papá?

Agustina intenta contenerse y respira profundo para luego negar con la cabeza.

Agustina: Es de alegría. No se preocupe. Estoy bien, mijita. ¿Usted cómo está?

Andrea: He estado muy sola aquí. No te vayas a volver a ir. Prométeme que esta vez no.

Agustina: Claro que no. Esta vez va a ser muy diferente (Empuña la mano y se la besa). Se lo juro, hija.

Agustina y Andrea se abrazan fuertemente. La primera, a espaldas, de la segunda, sigue llorando de felicidad. Iván observa a lo lejos conmovido y sonriendo.


INT. / CASA CHARLES, HABITACIÓN DE ISABELA / DÍA

Isabela se encuentra probándose su vestido de novia con ayuda de una modista. La diva se mira en un espejo de cuerpo completo.

Isabela: ¡Oh, santo cielo! Me veo como todo un ángel celestial en este vestido. Resalta con mi piel negra y tersa. Me encantó mi corazón. Me quedo con él.

Modista: Perfecto, señorita. Voy a enviarlo a la boutique para que le hagan los ajustes y se lo envíen un día antes de su boda.

Isabela: Me parece excelente. Ven. Ayúdame a quitármelo.

De repente, tocan la puerta.

Isabela: ¿Quién es?

Adrián: (desde afuera) Soy yo, doñita.

Isabela abre los ojos como platos al escucharlo.

Adrián: Me dijeron que está ocupada. ¿Puedo entrar?

Isabela: ¡Oh, santo cielo! ¡Ni se te ocurra, culisucio! Estoy probándome mi vestido de novia y no me puedes ver con él puesto. Espérame.

Adrián: Déjese de agüeros de abuelas. Además, esto es importante. Tengo a alguien que presentarle.

El hombre entra de todos modos acompañado de Eloísa, quien por cierto viste de mucama, pero la anciana es golpeada súbitamente en la cara por un tacón lanzado por Isabela y cae al piso desmayada.

Adrián: (alertado) ¡Doñita! ¿Qué hizo?

Adrián se inclina con prontitud para reanimar a Eloísa.

Isabela: Te advertí que no entraras o afrontarías las consecuencias. Mejor saca con los ojos cerrados a esa vieja dinosauria de aquí que no sé quién es y no te atrevas a abrirlos.

Adrián: ¿Qué vieja dinosauria? ¿Que no ve que es su mamá?

Isabela: ¿Mi mamá? ¿Te refieres a mi arrugada madre? ¿La misma que me trajo al mundo?

Adrián: (exasperado) Sí, hombre, esa. ¿Qué otra madre podría haber dado a luz una tarada como usted?

Isabela corre con el vestido de novia aún puesto hacia su madre, quien yace en el piso inconsciente.

Isabela: (alertada) ¡Ay, no! ¡Sí es ella y la maté! ¡Oh, santo cielo! ¡He matado a mi madre!

Isabela grita de forma exagerada y también termina por desmayarse.

Adrián: ¡Caray! Esto era lo único que me faltaba.

Más tarde, en la sala de la casa, una empleada doméstica le da una aromática a Isabela, quien está reponiéndose de su desmayo sentada en un sofá. Es de notar que ya no usa el vestido.

Isabela: Gracias, mi corazón. Retírate.

Isabela le da un sorbo a la aromática. Eloísa está sentada frente a ella en otro sofá poniéndose hielo en la frente y Adrián también está presente, pero de pie.

Eloísa: Eres una salvaje, un caballo desbocado. Por poco me matas.

Isabela: Fue un accidente. Yo le dije al niño Adrián que no entrara y él se puso de necio a desobedecerme. Además, explíquenme qué es esto. Se supone que…

Eloísa: ¿Que debería estar en la cárcel? ¿Eso quieres decir acaso?

Isabela: Pues no esperaba que recuperaras tu libertad tan pronto.

Eloísa: De seguro que no. Tú querías que me quedara muchos años pudriéndome en prisión, ¿no es así?

Isabela: Claro que no. No digas eso, madre.

Adrián: Doña Eloísa me llamó para que fuera a recogerla a la cárcel, doñita. Habló conmigo y ahora quiere hablar con usted. ¿No es así, suegrita?

Eloísa le lanza una mirada fulminante al hombre con los ojos entrecerrados.

Isabela: (extrañada) ¿Hablar conmigo? ¿Sobre qué?

Adrián: Bien pueda, doña Eloísa. Recuerde muy bien lo que hablamos antes de venir. No se le vaya a olvidar, eh (Le guiña un ojo).

Isabela: ¡Oh, santo cielo! Tengo el leve presentimiento de que algo huele mal y no soy yo. ¿Qué se traen ustedes dos entre manos?

Eloísa: Isabela, yo… (Hace una pausa) Te pido perdón por todo lo que pasó entre nosotras.

Isabela se sorprende al escucharla.

Eloísa: Estuve muy equivocada, pero ya por fin abrí los ojos y la cárcel me hizo recapacitar. He cambiado.

Isabela: Te creo. Te ves más arrugada que hace un año.

Eloísa: (molesta) Déjame terminar de hablar, imbécil (Isabela se sorprende). ¡Ejem! Perdón, Isabelita... Como te decía, estoy arrepentida y ya no quiero estar enemistada contigo ni con tu futuro “esposo”.

Eloísa dice aquella última palabra mirando con reproche a Adrián. Él le sonríe con burla.

Isabela: Oh, santo cielo. Me pones en una situación incómoda, madre. Quisiera creerte, pero me acuerdo de todas las bajezas que hiciste para separarme del niño Adrián y no sé…

Eloísa: Supuse que dirías algo como eso, así que pienso demostrarte lo arrepentida que estoy.

Isabela: ¿Ah, sí? ¿Cómo?

Eloísa: Quiero trabajar para ti.

Isabela: (impactada) ¿Qué?

Eloísa: Tú sabes que no tengo en qué caerme muerta ahora que soy una expresidiaria y nadie me dará trabajo así. Además, mis bienes pasaron a tu nombre por ley al estar yo impedida para administrarlos.

Isabela: Es cierto…

Eloísa: ¿Lo ves? Me convertiría en una vulgar limosnera y eso no. Prefiero dejar a un lado mi orgullo y pedirte perdón.

Isabela: Esto me toma fuera de base y ahora entiendo qué haces vestida así, como una mucama vieja, pero no es necesario que hagas esto. Tú eres mi madre.

Eloísa: Déjame hacerlo. Es la manera de demostrar que estoy arrepentida. Ni siquiera debes pagarme. Con tal de tener techo y comida es suficiente.

Adrián: A mí no me pareció mala idea la verdad. Piense que su mamá nos va a hacer compañía y va a ser un gran apoyo en las labores de la casa.

Isabela: (poco convencida) ¿Estás segura, madre?

Eloísa comparte miradas con Adrián, por lo que asiente con la cabeza denotando amargura y resignación.

Eloísa: Sí, Isabela. Estoy segura. Esta es la mejor lección que puedo recibir de la vida para aprender a ser más humilde.

Eloísa recita fastidiada aquella última oración como si se hubiera aprendido el diálogo de un guion.

Isabela: Ya que insistes, está bien. Estás contratada, aunque será rarísimo que mi propia madre sea como mi ama de llaves. Dirán que exploto a las jubiladas.

Eloísa: (sonriéndoles con hipocresía) Es solamente un servicio de mi parte para compensarlos y también lo hago por mí. No te preocupes, “Isabelita”.

Adrián: Pues bueno. Creo que ahora sí nos vamos a llevar bien, suegra. Bienvenida. ¿Qué le parece si empezamos de una vez con sus quehaceres?

Eloísa: ¿Quehaceres?

Adrián: Sí, claro. Los que le corresponde hacer desde hoy.

Eloísa: (hipócrita) ¿Y qué se le ofrece al “señor” que haga?

Adrián: Empiece limpiando los baños de arriba que están bien puercos y después, ¿por qué no le prepara la tina con agua caliente a Isabela? Es que la pobre ha estado bien estresada y relajarse le haría bien. ¿O no, doñita?

Isabela: Me parece muy buena idea, mi corazón. Madre, hasta me podrías hacer un masaje en la espalda, tallarme los pies y hasta depilarme (Emocionada).

Eloísa: (asqueada) ¿Estás loca? No pienso depilarte.

Adrián: ¿Perdón? ¿Dijo algo, doña Eloísa?

Eloísa: Eh, no. Quería decir que está bien. Haré todo lo que me pidas, Isabelita (Finge un tono amable).

Isabela: Entonces ¡no se diga más! Voy a esperar arriba mientras tú te encargas de eso.

Isabela se retira de la sala dejándolos a solas.

Adrián: (burlándose) Que no se le vaya a olvidar la afeitadora y los jabones perfumados.

Adrián también se retira de la sala. Eloísa hace una pataleta a punto de llorar.

Eloísa: Esto va a ser un calvario perpetuo. ¡Pordiosero desgraciado! ¡Te saliste con la tuya!

Isabela: (desde arriba) ¡Madre! ¡Te estoy esperando!

Eloísa no ve más opción que la de resignarse a su nuevo destino.


INT. / CASA DE LOS ROMERO, SALA / DÍA

Mariela visita a Lorenza y ambas platican sentadas en los modestos sofás de la sala, frente a frente.

Lorenza: Muchísimas gracias por venir a visitarme, Mariela. Me voy a sentir muy sola a partir de ahora que Margarita se casó.  

Mariela: Es algo que algún día iba a pasar. Margarita no se iba a quedar como una solterona toda la vida, aunque ella al principio así lo pensara. Además, tú eres bienvenida en nuestra casa cuando quieras ir, Lorenza.

Lorenza: Gracias. Creo que sí estaré yendo de visita seguido. Por lo menos me deja más tranquila verla realizándose. Incluso empezó a estudiar la carrera de contaduría y le va excelente en la universidad por lo que me ha contado.

Mariela: Sí y no sabes lo orgullosa que me siento. Dios nos bendijo con una hija maravillosa y muy inteligente.

Lorenza: ¿Cuándo vuelven de su luna de miel?

En ese momento se enfoca una escena de atardecer. Margarita y Matt caminan a la orilla de la playa, vistiendo de blanco y la brisa los sopla.

Mariela: (off screen) En una semana, creo.

Matt le lanza arena a Margarita a lo que ella sale corriendo. Matt va tras ella y la alcanza tomándola de la cintura. Los dos ríen a carcajadas pasando un momento muy agradable.

Mariela: (off screen) Deben estarla pasándola superbién y se merecen un tiempo a solas. Después de todo, han trabajado muy duro en la empresa.

Lorenza: (off screen) Espero nos traigan la noticia de que vamos a ser abuelas.

Mariela y Lorenza ríen por aquel comentario mientras se siguen enfocando escenas de los recién casados jugando en la playa y besándose.


CINCO AÑOS DESPUÉS

EXT. / CASA UZCÁTEGUI, JARDÍN / DÍA

La escena se pone en blanco por un segundo y se aclara. Margarita y Matt juegan sentados en el césped en el amplio jardín de la casa con un niño de cuatro años. Mariela, Lorenza, Isabela y Adrián están presentes, la primera cargando una pequeña de tan solo dos años. Isabela le hace gracias a la niña con un cascabel.

Isabela: ¡Oh, santo cielo! Cada día están más grandes los retoños.

Margarita: (sonriendo) Sí, doña Isabela. Cuando menos pensemos, ya van a empezar la escuela mis dos amores (Besa al niño en la frente).

Lorenza: Todos los padres pasamos por esa sensación, Margarita. Tú no eres la única.

Mariela: Sí, así es. Por eso deben disfrutar ahora más que nunca de sus hijos, muchachos.

Matt: Es que los años se van súper rápido, pero a medida que crecen se ponen más preciosos. ¿O no, campeón?

Matt carga al pequeño entre sus brazos y lo alza hacia el cielo. Margarita observa con ternura.

Isabela: Debo reconocer que sí están precisos los niños, mis corazones, aunque la bebé te sacó un poco la cara de burro, niña Margarita.

Todos miran a la diva sorprendidos por su imprudencia.

Adrián: (regañándola) ¡Isabela! Te dije antes de salir que te guardaras los comentarios. Estamos de visita en caja ajena. ¿Qué van a decir?

Isabela: Ellos ya están acostumbrados, mi corazón. El que no se ha podido acostumbrar a mi humor negro eres tú a pesar de que llevamos cinco años casados.

Adrián: (suspirando) Cierto, cinco eternos y largos años de toda una vida.

Isabela: (entrecerrando los ojos) ¡Oh, santo cielo! ¿Qué quieres decir? ¿Ya no me amas, culisucio? ¿Vas a dejarme?

Adrián: Yo sólo decía. Relájate. Todo te lo tomas a pecho. Tú sabes que, a pesar de los disparates, siempre vas a ser mi doñita, ¿o no?

Isabela: (indiferente) Hum, pues será creerte.

Todos los presentes ríen por la leve discusión de la pareja quienes se dan un beso sencillo en los labios. Eloísa, que está alejada de todos y usando su uniforme de mucama, observa molesta.

Mariela: Bueno, cambiando de tema, me parece que esta princesita necesita un cambio de pañal.

Margarita: (levantándose del césped) Ay, chispas. Deja voy y la cambio, mami.

Isabela: Tú tranquila, niña Margarita. Deja que mi madre se encargue. ¡Mamá!

Eloísa se acerca y sonríe con hipocresía.

Eloísa: Dime, Isabelita, querida.

Isabela carga a la bebé y se la pasa a su madre.

Isabela: Toma a la nena y ve a cambiarle el pañal.

Eloísa: Pero yo nunca le he cambiado los pañales a un bebé. Ni siquiera a ti te los cambié cuando eras pequeña y parecías un frijol.

Isabela: Pues nunca es tarde para aprender. Ve inmediatamente y dale tetero de paso. Apúrate (Chasqueándole los dedos).

Eloísa se resigna y se retira con la bebé. Matt se pone de pie también del césped sin dejar de cargar a su hijo.

Margarita: ¿Que no está siendo un poco ruda con su mamá, doña Isabela?

Isabela: Ella quiso convertirse en mi empleada para mostrarse arrepentida y yo acepté. Yo no la obligué. Además, me sale económico que sea mi madre porque no debo pagarle un sueldo.

Matt: (riendo) Qué tacaña resultaste ser y a propósito. Erick me llamó y hoy va a regresar al país.

Isabela: ¿El cara de orangután? ¡Oh, santo cielo! Han pasado años desde la última vez que lo vi.

Mariela: Yo tampoco lo veo hace mucho, pero estuve leyendo su libro y me pareció muy bueno. ¿Cómo ha estado?

Matt: Precisamente estuvo promocionando el libro en el extranjero con su pareja y, por lo que me ha contado, todo le ha salido excelente.

Mariela: (sonriendo) Me alegro por él.

Lorenza: A doña Agustina y su hija también les está yendo de maravilla.

En ese momento se enfoca una breve escena de Andrea compartiendo tiempo con Agustina en el apartamento de la primera. Las dos cocinan y parecen llevarse mucho mejor, pues sonríen y platican muy a gusto.

Lorenza: (voz en off) Tanto es así que la última vez que hablé con ella en la iglesia del barrio, me dijo que están viviendo juntas y que hasta un noviecito se consiguió la muchacha.

El timbre del apartamento suena. Andrea abre y se encuentra de plano con un joven que le trae un ramo de flores. Ella se lanza a abrazarlo emocionada por verlo y lo toma de la mano invitándolo a entrar. La historia vuelve a la escena en el jardín.

Matt: Sí, eso escuché yo también, doña Lorenza. Lástima por mi amigo Iván que estuvo tan enamorado de ella en un tiempo, pero bueno. No se manda en el corazón como dicen y lo importante es que Andrea logró recuperarse de sus traumas.

Mariela: También me alegro por ellas, aunque no he tratado mucho con la señora, pero puedo entender perfectamente el dolor de madre por el que pasó.

Margarita: Hablando de ello, para todos fue una sorpresa que justo ella y doña Agustina resultaran ser madre e hija. Yo creo que nadie tampoco se lo esperaba.

Matt: Y a pesar de los problemas y las dificultades, a todos de cierta forma la vida nos sonrió. Yo, por ejemplo, me siento el hombre más feliz del mundo al lado tuyo y de nuestros hijos, mi amor (Se besan).

Margarita: (sonriendo) Yo también, Matt. Ustedes son el mayor tesoro que tengo y no le podría pedir más a la vida si ya lo tenemos todo. Te amo.

Matt: Yo también, mi vida. Te amo.

Margarita y Matt se unen en un tierno beso ante la vista de los presentes, quienes los miran felices. Más tarde, se ve a la pareja de casados caminando en el jardín de la casa con sus hijos. Erick aparece en escena de lejos mirándolos.

Margarita carga la niña y Matt juega con el niño persiguiéndolo hasta alcanzarlo para montarlo en sus hombros. Erick sonríe ante la escena con sinceridad y se retira. Margarita y Matt, por su parte, ríen sintiéndose plenos, disfrutando de aquel momento de felicidad en familia y se dan otro beso en los labios al tiempo que la cámara se va alejando de ellos hacia arriba.

FIN

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Capítulo 1: Confesiones del pasado

Capítulo 10: El diario

Capítulo 11: Confesión de amor